Cárdenas, y ¿Sheinbaum?

Cárdenas, y ¿Sheinbaum?

Cárdenas, y ¿Sheinbaum?


Cuando el 1 de diciembre de 1934, Lázaro Cárdenas protestó como Presidente de la República y anunció el arribo de nuevos tiempos como el remedio de los grandes males nacionales, su discurso fue recibido por Calles con beneplácito. El Turco confió en que Tata Lázaro se sometería a sus instrucciones como había acontecido con Portes Gil, Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez, los famosos peleles, sus antecesores en el Maximato.

 

Con la debida discreción, Cárdenas y Francisco Mújica diseñaban, a puerta cerrada, una estrategia para desmantelar gradualmente el aparato callista. ¿Cómo? La Cámara de Diputados tenía que ser cardenista, la Cámara de Senadores tenía que ser cardenista, el ejército tenía que ser cardenista, todo el Poder Judicial tenía que ser cardenista, la prensa tenía que ser cardenista, los gobernadores tenían que ser cardenistas, al igual que los legisladores locales y los presidentes municipales de todo el país, sin olvidar los sindicatos públicos y privados, de tal forma que nadie pudiera sabotear sus planes. Cuando todo fuera cardenista el Tata podría desaparecer del país al Jefe Máximo, tal y como López Portillo mandó a Echeverría como embajador a las islas Fiji, un tanto cuanto más lejos que el rancho de AMLO…

 

En 1935 empezó a surgir un Cárdenas distinto del sumiso y manso conocido por Calles. De golpe, el Tata exigió la renuncia total de su gabinete, en el que se encontraba el propio Rodolfo Elías Calles, hijo del Jefe Máximo. Le mandó a Calles los nombramientos firmados en blanco para que el Turco nombrara a quien le viniera en gana. Bien sabía Cárdenas que regresarían los títulos tal y como los había enviado. Calles se sintió expuesto públicamente, pues la conducta de Cárdenas bien podría entenderse como “Si usted cree que todavía tiene autoridad para decidir quién debe gobernar, adelante: dígame quiénes deben integrar mi gabinete.” El presidente meticuloso y calculador, jugaba al ajedrez en contra de un Calles berrinchudo, desesperado y feroz. El 17 de junio Cárdenas ganó la partida al anunciar a su nuevo gabinete, obviamente sin callistas. Acto seguido, consiguió el respaldo del Ejército, desplazó a dirigentes callistas del PNR, se apropió del partido, enfrentó a los gobernadores ligados a Calles, desapareció poderes en Guanajuato, Durango, Sinaloa y Sonora, dominados por el callismo, y permitió el crecimiento de una nueva organización obrera, la CTM, alrededor de Lombardo Toledano. Cárdenas desmontó una por una, las bases del Maximato: el gabinete, el PNR, los gobernadores, los militares, las organizaciones obreras, el Congreso, que, al cambiar de lealtad, logró que 110 diputados constituyeran una mayoría política que lo respaldaba. Modificó leyes para que los ministros de la Corte ya no fueran inamovibles y su nombramiento dependiera del presidente… Muy pronto casi la mayoría de ministros, magistrados y jueces de la Federación fueron cardenistas, al mismo tiempo que controlaba a la prensa y conseguía el apoyo discreto de Josephus Daniels, embajador de EU en México. El presidente empezaba finalmente a gobernar como un nuevo titular de los 3 poderes de la Unión.

 

Cárdenas explicó su decisión de la siguiente manera:

 

“Al llegar la situación a estado tan extremo que impedía la marcha de nuestras instituciones y pretendía frustrar el más noble fin del Estado en nuestra lucha social, parecía indispensable al Ejecutivo Federal, considerando la acción criminal a que habían acudido, abandonar su actitud de paciente espera y adoptar medidas que impidieran perturbaciones de mayor magnitud, las que, de no evitarse, habrían amenazado nuestra organización colectiva y puesto en peligro las conquistas logradas a cambio de tantos sacrificios… aplacé mi intervención hasta que las circunstancias exigían… la inmediata salida del territorio nacional, del general Plutarco Elías Calles, Luis Morones, Luis León y Melchor Ortega.”

 

¿No cree el amable lector que a Sheinbaum le convendría estudiar la historia para aprender las estrategias de Cárdenas y de López Portillo, utilizadas para deshacerse de Calles y de Echeverría? Si ella pudiera mandar a AMLO a la Cuba de sus sueños, ¿volvería a reponer la democracia y con ello el Estado de Derecho, enterrando para siempre la pavorosa autarquía que padecemos? ¿Sí…? Holly mother of God, ¡qué pregunta! ¿Es demócrata? ¿Es socialista? ¿Qué es…?